EL TERROR EN LA II REPUBLICA SÓLO PARA INCULTOS Y DESCONOCEDORES DE LA REALIDAD: 1.- El terror no comenzó con la guerra civil, como a menudo se piensa, sino que acompañó a la república durante todos sus cinco años, a causa de la debilidad de la ley. Lo comenzaron los anarquistas asesinando a sus adversarios sindicales con la complicidad de las autoridades nacionalistas catalanas. Siguió la “quema de conventos” (y bibliotecas y centros de enseñanza), que por su carácter violento, criminal e intimidatorio cabe calificar de terroristas. Menudearon además los asaltos y actos de intimidación contra sedes y personas de derecha, clérigos, etc. La práctica totalidad de estos actos provino de las izquierdas, aunque no siempre contra las derechas, pues desde muy pronto las rivalidades entre las izquierdas mismas causaron muertos. 2.- La respuesta del gobierno de Azaña a las insurrecciones anarquistas llegaba a límites por lo menos cercanos al terror, así cuando dio instrucciones para fusilar sobre la marcha a los apresados con armas. Esta actitud culminaría en la matanza de Casas Viejas. 3.- Las violencias subieron de punto cuando el PSOE, lanzado por el camino de la guerra civil, comenzó a matar a miembros de la CEDA y de la Falange, a partir de 1933. Ello exacerbó los ánimos de la derecha. Ante la serie de asesinatos sufridos a manos de los socialistas y la escasa protección del gobierno (entonces de centro derecha: siempre la debilidad de la ley), la Falange replicó a su vez con varios atentados. Tratándose de un partido muy pequeño, sus acciones no tenían consecuencias decisivas. La poderosa CEDA, en cambio, se contuvo. 4.- La contención de la CEDA estimuló realmente a los socialistas, convencidos de que la gran derecha era cobarde y sería fácilmente vencida. No podemos saber si una política más enérgica por parte de la CEDA --no necesariamente contestando en el mismo terreno-- habría parado a tiempo a una izquierda que marchaba conscientemente a la guerra civil. Era un dilema sumamente difícil. Por lo común, los agresores se ven estimulados y ayudados por quienes “condenan la violencia venga de donde venga”, desarmando la legítima defensa. Según su punto de vista, y el de la izquierda, las derechas no tenían derecho a defenderse. 4.- Aparte de la insurrección de octubre del 34, fue a partir de las elecciones de febrero de 1936 cuando el terror tomó un carácter más sistemático. En cinco meses cayeron unas 300 personas, probablemente más, bastantes en disturbios callejeros pero la mayor parte por atentados, organizados en su gran mayoría por las izquierdas (quizá unos 200 muertos). El dato más grave fue la colaboración del gobierno con los asesinos, que nunca eran eficazmente perseguidos por la policía y sí lo eran, en cambio, las derechas, fueran víctimas o culpables. La anterior debilidad de la ley dio paso a la destrucción de esta. La política izquierdista de terror culminó en el asesinato de Calvo Sotelo, verdadera declaración de guerra y demostración, exhibición más bien, de la completa ilegalidad del gobierno. Desde ese momento, el terror cundió masivamente, preparado a fondo por la propaganda y lo organismos ad hoc (chekas). 6.- En general, las versiones izquierdistas sobre el terror parten de dos ideas centrales: a) las izquierdas representaban “a los pobres y al progreso” y las derechas “a los explotadores y la reacción”; b) el gobierno del Frente Popular representaba a la república con toda legalidad. Por ello el terror de las derechas cargaría con todos los agravantes, y el de la izquierda con todos los atenuantes. Pero basta poner en cuestión esas ideas para que todo el edificio construido sobre ellas se desplome como un castillo de naipes. En la realidad -- hoy perfectamente documentada--, las izquierdas, aparte de asesinarse a menudo entre ellas, representaban ideas totalitarias, antidemocráticas y contrarias también, desde luego, a los derechos y el progreso de los trabajadores. Por eso fueron ellas quienes primero desestabilizaron la legalidad republicana (desde los mismos comienzos del régimen), luego la asaltaron (en 1934) y finalmente la demolieron en un proceso revolucionario desde la calle y desde el poder, a partir de las anormales elecciones del 36. Las consecuencias debieran hacernos reflexionar a todos. Por desgracia la obcecación izquierdista persiste hoy, en la línea de los Prieto o Negrín. Nunca de Besteiro. |