Transcurrido un año más, Ipuli volvía a estar ahí, donde le dejamos... De nuevo, esa puerta de madera que hacía las veces de mesa, concentraba a todo ese barullo de gente.
Vidas que durante cinco días, y unos pocos más, se esforzaban en que todo saliera perfecto. Cada uno aportaba su toque, su impronta, su forma de ser... y de aquél cajón desastre emergía un mejunje de risas, alegrías y buenos propósitos.
Un año más, el espíritu de Ipuli nos envolvía creando una atmósfera, un mundo perfecto, un universo aparte, accesible, sólo, a unos pocos afortunados.
Un año más, gracias por estar ahí, alrededor de esa puerta que abre la estancia en la que guardamos todos aquellos buenos recuerdos que nos quedaron de las fiestas de Torrelacárcel 2006.
pipipipipipi...voy a llorar...pero hay que ver que gente mas sensiblera se concentra en la trujal!!!!es broma!!!las fiestas 2006 geniales, y la postfiesta original (excursiones, spa...)como sus participantes.mil besos a la trujal