Ante la serie de despropósitos vertidos en perjuicio de nuestros intereses, el pueblo de Jabaloyas se levanta al unísono para decir con voz alta y clara que ya basta de arremeter contra las deidades a las cuales decidimos encomendarnos en su momento.
Nuestra postura unánime no va a permitir que algunas almas en pena se propasen vertiendo opiniones baratas sobre nuestras protectoras que tanto arraigo han generado a lo largo de los tiempos.
En la vida hay algunos osados que se atreven a transgredir las normas hasta límites insospechados juzgando e intentando hacer apología de lo moral sin añadir ni una sola propuesta por el bien vecinal. Pero a lo que no estamos dispuestos es a poner en tela de juicio y en entredicho la intachable conducta de nuestras amadas brujas por parte de unos faroleros. Todos ellos son unos traidores contra nuestra propia voluntad.
Sólo los vecinos a los que nos cae la escarcha de los montes durante todo el año sabemos realmente lo que se cuece, lo demás es mera anécdota.