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Villalba de Guardo - Palencia

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14-12-16 12:43 #13421513
Por:delaheraluis

NAVIDAD EN EL PUEBLO
VIVIR LA NAVIDAD EN EL PUEBLO HACE AÑOS

Hace más de medio siglo, se dice pronto, ¿verdad? Y, aunque suene a mucho tiempo atrás, en realidad, sucedía hace nada.
Pues bien Villalba vivía la Navidad de otra forma. Nada tiene que ver con la de hoy, y aquella, solo está en el recuerdo, porque de ella, tan solo quedan las fechas. No hay en mismo ambiente; ni natural, ni humano. Ni siquiera las gentes somos los mismos, ni tenemos las mismas ilusiones. En todos mis años de infancia y juventud nunca deje de ver unas navidades blancas. La nieve acudía cual invitada fiel y sin ser llamada, a la cita de esas fechas, y contribuía a llenar de embrujo el ambiente. Ponía su frío y su color, sus carámbanos en los tejados, su encaramada en los árboles desnudos. Hasta el río sudaba en las mañanas si asomaba el sol. Se oía el rumor de voces y cencerros del ganado en la lejanía, y el aire de la tarde se llenaba de hilillos de humo que las chimeneas de las casas mandaban al cielo. Parecía que todos se pusieran de acuerdo y, en poco tiempo, donde solo había uno pasaban a ser muchos que al capricho de la brisa o el viento se iban acunando y balanceándose ascendían hasta difuminarse con y desaparecer. Si había luna llena con cielo despejado y el suelo nevado, la noche, era espectacular y el ambiente increíble de luz.
La Navidad se esperaba con ilusión y se podría decir que no comenzaba prácticamente hasta la víspera de Nochebuena.
El pueblo , su ambiente y sus calles, estaban llenos de niños que iban y venían jugaban y alborotaban el espacio. Eran vacaciones. Los mayores, con menos trabajo en esta época del año, se afanaban en ir poco a poco haciendo los preparativos para que nada faltase. Se habían guardado urces en la cuadra para que estuviesen secas y fuesen fáciles de prender. La leña fina y gruesa picada, y en abundancia, junto con las cepas para que no faltase calor en la hornacha. El carbón estaba también protegido y la “placa” no se apagaba en todo el día.
Se habían ido haciendo las compras especiales como: turrones, de los que había pocas variedades el duro, el blando, y poco más; los dulces del momento. Se había escogido el cordero, conejo, pollo y caza que se iba a servir de alimento y, aún había o quedaba matanza por hacer. Toda una fiesta añadida, la de la “picatuesta”, en estas fechas.
No eran tantos los hijos del pueblo que estando fuera regresaban a casa, en estos días de visita, como en verano, pero sí bastantes, sobre todo, si no estaban en el extranjero.
Traían sus historias de la gran ciudad, sus vivencias, que llenaban y se unían a las nuestras despertando ilusiones y curiosidades. Y su maleta llena de regalos que para nosotros era poco frecuente ver.
Para los niños era un período alegre y de continua diversión porque entre otras cosas las tareas eran menos y el tiempo libre mayor. Jugábamos a todo lo que se nos ocurría, sin importar el tiempo. Aprovechando la corta luz del día. Y, cuando llegaba el frío, los portalones, cuadras y corrales eran el refugio. Al llegar la noche, las cocinas eran un bullicio de voces infantiles al calor de la hornacha y su trébede. Los juegos de cartas eran la estrella. Sabíamos y dominábamos muchos. Juegos que no solo servían para pasar el tiempo, sino que nos ayudaban a madurar, a pensar, a contar y adquirir estrategias, amistades y conocimientos, y a veces, hasta descubrir al tramposo y a conocer el interior de los demás.
La nieve, que nunca faltaba, era un regalo añadido y especial, que se convertía en un gran juguete, porque después de la nevada, los días eran esplendorosos y llenos de sol.
Hacíamos enormes bolas de nieve hasta que por su peso, nos resultaba imposible moverlas y vencían nuestras fuerzas. Muñecos de nieve que duraban muchos días, nuestras guerras a bolazos, nuestras siluetas marcadas en el suelo de diversas formas, “ángeles en la nieve”. El tirar los “chupones” de los aleros. A veces se subía a las cuestas y se tiraban bolas de nieve que al rodar ladera abajo, iban engordando sin parar y se precipitaba en el río con gran estruendo.
Otra de las diversiones era la de “resnalar”, nombre con el que por aquí llamamos a patinar en las lagunas y arroyos helados o en las hechas por nosotros en las calles a base de pisar una y mil veces la nieve. Las que hacíamos en el Caraminchón nos costaban regañinas de los mayores porque las vacas se caían al bajar a beber agua al rio y enseguida nos las destruían. Con toda razón claro.
La Navidad era diversión para nosotros, aventura, ocurrencia plena y alegría.
Ir de caza, a gallorotas, a catar las colmenas, a coger pájaros con butrón en los bocarones de los pajares y mil ideas más. Todo el día lleno de idas y venidas, y nosotros sin cansarnos.
Las vísperas de Nochebuena, uno o dos días antes, nos íbamos al monte, sobre todo a Valdilejas a coger musgo de las piedras y troncos de los robles para poner el Belén de la iglesia o el de casa.
Las fiestas, fundamentalmente eran familiares y nocturnas, Repartiéndose las celebraciones, cada día festivo en una casa. La comida de reunión era la cena y luego la partida de cartas, hasta las tantas. Una brisca, era la elegida, y si se lograba “comer el tres con el as” aquello era “el no va más” de la noche. Después, llegaba el chocolate con el que se ponía fin al largo día.
Había dos momentos en estas fiestas especiales para los niños, y eran: la mañana de Navidad y la de Año Nuevo. Nada más salir de misa, cogíamos una cestita, a la que habíamos adornado algo y nos íbamos a casa de los abuelos y otros familiares a pedir el aguinaldo. A veces con villancicos, otras de manera más o menos graciosa. La cesta se iba llenando de variados regalos que al llegar a casa y hacer el recuento te alegraban el día y ls fiestas: castañas, pasas, higos, avellanas, piñones, nueces, confites, coreanos, pastas, polvorones, dulces, turrones, alguna cajita con la famosa anguila, calderilla, perras gordas, chicas, algún real o peseta o duro de papel.
Los Reyes también llegaban entonces. No eran tan abundantes como lo son ahora. Estaban más llenos de ilusión que de regalos.
Dos días en el año había en el pueblo en que la gente solía estrenar ropa; Eran el domingo de Pascua de Resurrección y el día de Año Nuevo. Ese día la misa era una especie de “ pase de modelos” y de mostrar a los demás lo adquirido. Ese era el punto de encuentro de todos, la hora de misa a la que casi nadie faltaba. La iglesia, a rebosar, la cara sonriente y los ojos llenos de chispa. Hoy día la iglesia solo se llena en las bodas y los entierros. Se cantaban villancicos y la alegría inundaba el ambiente del pueblo y de las casas.
Los jóvenes se buscaban su diversión acudiendo al baile, en el pueblo o en otros, al igual que los mayores en la cantina en torno a la charla o las partidas de cartas. No había juegos externos por impedirlo el tiempo como los bolos o la nita. Todo ello, se remataba con la partida de cartas familiar y nocturna en casa antes o después de cenar
La Navidad era, fundamentalmente eso: convivencia, familiar, armonía, cartas, comida reuniones, anecdotario de recuerdos, historias familiares. Pervivir recuerdos y traer a nuestro hoy, y para enseñanza de los pequeños, la vida anterior de la familia. Disfrutar de lo que se tenía y ser felices.
Y, sí por el medio había alguna picatuesta la alegría se multiplicaba.
No había en todo el año un tiempo tan cambiante, y en el que la naturaleza fuese tan abundante en hechos y fenómenos climáticos. Podía haber lluvia, nieve, sol, niebla vespertina o verla subir valle arriba al caer la tarde, cencellada o encaramada, heladas que alfombraban el suelo. Noches de luna llena y brillantes, si había nieve, y noches negras, como la boca del lobo, y, envolviéndolo todo con su transparente manto, el frío. Frío exterior que contrastaba con el calor del hogar. La hornacha y la placa siempre encendidas y dispuestas para un calentón de manos, pies o cuerpo entero; para recibir unas castañas, asar unos chorizos o torreznos.
No solían adornarse las casas, aunque ya tenían adornos de varales llenos de morcillas chorizos, lomos y costillares rojos que al irse curando con el calor del hogar desprendían un olorcillo que era música par el estómago.
Aquellas navidades, ya no volverán, ni habrá otras iguales o parecidas. Hemos cambiad, la vida ha cambiado. Falta calor humano, cercanía, amor, comprensión y falta… la nieve.
Pero creo que fuimos felices y afortunados al tener la suerte de vivir aquellos momentos y aquellas navidades que sacaban lo mejor de nosotros, al menos, una vez al año.
FELIZ NAVIDAD DE TODO CORAZÓN
Puntos:
15-12-16 10:20 #13463980 -> 13421513
Por:sflaa

RE:NAVIDAD EN EL PUEBLO
Muchas gracias Luis por esta narrecion
FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO NUEVO LLENO DE BIENESTAR
¡¡¡ QUE RECUERDOS AQUELLOS !!!
Puntos:
18-12-16 01:54 #13472435 -> 13421513
Por:marblan

RE:NAVIDAD EN EL PUEBLO
quiero deciros que puede que sea la unica que continue con la tradicion del aguinaldo pues cada año el dia uno de enero cojo mi cesta y me acerco a casa de mis tios Aquilino y Milagros que son mis padrinos para pedirles el aguinaldo me hace mucha ilusion y a ellos tambien y en lo que dios nos de saluz lo seguire haciendolo felices fiestas para todos
Puntos:
20-12-16 17:16 #13482121 -> 13472435
Por:Santos Piriz

RE:NAVIDAD EN EL PUEBLO
Marta, pues continua con la tradición que tu tío ya tiene unos cuantos añitos, y Luis que nos siga recordando estos gratos recuerdos.

FELIZ NAVIDAD para todos
Puntos:
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Foro-Ciudad.com - Ultima actualizacion:23/10/2017
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