Foro- Ciudad.com

Villalba de Guardo - Palencia

Poblacion:
España > Palencia > Villalba de Guardo
Recordar esta Pagina
29-10-16 12:18 #13358224
Por:delaheraluis

APUNTES Y REFLEXIONES EN TORNO A LA MUERTE
Perdonad, si en esta ocasión, en vez de contaros una historia, y ya que estamos en estos días de recuerdos, os propongo reflexionar un poco sobre un paso que deberemos dar algún día.
Son pensamientos y apuntes leídos de libros y escritos que a lo largo de muchos días me han hecho reflexionar. También de las muertes de personas
Hoy los quiero compartir con vosotros por si son de ayuda.
Gracias

APUNTES Y REFLEXIONES ENTORNO A LA MUERTE

Hay varias leyendas de pueblos indígenas, que aseguran: que cuando nacemos, una nueva estrella nace con nosotros en el cielo y se apaga cuando morimos.
Otra leyenda africana dice; que cuando una persona muere es como si en una biblioteca se quemase o desapareciera un libro para siempre.
Venimos al mundo rodeados de risas, alegrías y esperanzas, en medio del sufrimiento materno, pero un sufrimiento distinto a todos los demás; porqué es el final del mismo y está lleno de alegría y futuro.
Y del nuestro propio, todo es alegría y risa a nuestro alrededor menos nuestro lloro.
Después de nacer, lo único cierto, es que debemos morir y es un gran error que ni la sociedad, ni nosotros mismos nos preparamos para ese momento inevitable y final en este mundo.
Puede que de ahí venga el miedo y la aversión a morir. No tenemos experiencia y nadie nos ha preparado para ello. Nadie nos ha preparado para asimilar y gestionar esas emociones, tan intensas y vividas, tan a flor de piel y corazón.
Lo único que nos hace fuertes y “resilentes” ( resistentes al fracaso) y a estas pérdidas es preparar nuestra inteligencia emocional para estos duros momentos.
Pero venimos con una sola certeza y muchas incertidumbres que llenan de posibilidades nuestra vida.
Podemos vivir de una u otra forma, elegir lo que somos, casarnos o no, tener está u otra profesión y así, hasta el infinito de posibilidades. Llegar a la juventud, madurez o vejez. Pero en medio de todas estas cosas posibles, solo una es cierta. Tenemos que morir, es lo único cierto que sabemos va a llegar y nos va a pasar en vida, e, ignorarlo no cambia nada. Tal vez, aumente nuestro sufrimiento y desazón en ese momento.
Nada hay pues, más cierto y que tengamos más presente en nuestra existencia que la muerte.
No podemos vivir como si la muerte no existiera. Eso, no cambia nada. Es el acto más nuestro que tenemos porque somos conscientes desde que adquirimos el uso de la razón, de que tiene que llegar.
La muerte y la vida se dan la mano, porque la primera es parte de la segunda. Pero, no hay forma de hacernos con ella y asumir su existencia.
Cuando nacemos, y, a medida que nuestra vida se va desarrollando todo a nuestro alrededor nos prepara para gozar de la vida, para el triunfo, para ser felices y disfrutar con actos alegres. Y, nos pasamos
la vida organizando y planificando estos actos: un bautizo, una comunión, una puesta de largo, una boda, una graduación y muchos más, y nos olvidamos del más importante; la muerte. Quizás pensemos que no haciéndola presente no ocurrirá o acontezca más tarde. O, venga como un relámpago y en un suspiro todo habrá pasado. Hay mucha gente que piensa que sería su último logro feliz en esta vida, el tener una muerte “dulce”, es decir, no enterarse de ella. Muchos aspiran o anhelan en determinados momentos de su vida en morir de repente o quedarse muerto durmiendo. Pero nunca sabremos si en lo más íntimo de nosotros somos conscientes de que morimos. Si pensamos que la muerte es la plenitud de nuestra vida y la culminación de la misma, deberíamos desear ser conscientes de ello. Ya que, si en el otro acto más importante de nuestra vida, como es el de nacer, no tenemos esa capacidad, si tenerla en la muerte.
La muerte, nos causa dolor, a veces es interno y externo, o físico y psíquico. Porque es dura. Muy dura, y nos hace tremendamente humanos, frágiles, indefensos. Nuestro orgullo y todos nuestros avances no son nada y quedan derrotados en un soplo.
Ese duelo que queda, no se cura solo, ni lo cura el tiempo, y por tanto tenemos que aprender a convivir con él, con su tristeza y a dejar que los días dulcifiquen la pena. Ese duelo, es personal, intransferible, algo
nuestro, propio, como la misma muerte, y no deberíamos añadirle más sufrimiento.
Nunca se cura, durará toda nuestra vida y habrá que aprender a vivir con él. Nadie queremos morir, a pesar de no saber o no estar preparados para administrar nuestra vida y de ni siquiera haber sido consultados si queríamos nacer.
Antes o después habremos de asumir la pérdida de ése ser y la nuestra propia, deberemos aprender a compartir y a convivir con esa pena, tristeza y soledad.
Hay, que de nuevo volver a conectar con lo vivo que tiene nuestra vida diaria y a preguntarnos por nuestros nuevos objetivos, fijar nuevas metas y retos, nuevos sueños y hacer más cercanos a nuestros seres queridos; hijos, padres, nietos, hermanos, amigos, que nos quedan y nos necesitan. Volver a trabajar, a nuestras responsabilidades diarias. A nuestras ilusiones, sueños y proyectos. Volver a nuestra cotidiana realidad que cura y hace de bálsamo a nuestra herida.
Nos enfrentamos a la muerte “solos” “a capela”, desnudos, sin ayuda de nadie.
Solo nosotros y la muerte, con nuestra vida pasando en imágenes y nuestra verdad, también desnuda. Quizás no hayamos tenido otro momento más íntimo y nuestro, que este último instante. Y, es posible que aún, oyendo el murmullo y sintiendo la presencia de los que nos acompañan, caminemos en busca de otra luz que nos atrae más, y nos lleva sin remedio.
Porque morir, quizás muramos a años luz de nuestro lecho de muerte, donde solo queda la materia que somos, mientras nuestra alma o espíritu va camino de otro mundo y otro encuentro.
Qué fácil es vivir las alegrías y los triunfos porque, por sí solos, nos dan felicidad. Pero vivir la muerte debe ser un acto sereno de reflexión y de paz, donde la tristeza existente no nos invada y haga que nuestra vida pierda todo el sentido. No debemos cerrar la puerta a la esperanza porque la muerte no es una ausencia del ser que se va, sino un cambio de presencia en nosotros que obra el que se ha ido. La muerte es eterna, si eterno es el recuerdo que nos deja el que se va. Porque el amor por él y más, si ha sido un ser querido, esta fuera del tiempo y del espacio, solo vive en nosotros y a nuestra manera. Si hay amor hay eternidad.
La muerte no es igual para el que se va que para el que se queda.
El que se va, solo se lleva lo que es y ha sido, nada de lo que tiene o posee va con él. El que se queda lo hace con todo, lo que tenía él y lo que de él recuerda y ha vivido.
Nada de lo material, pues sirve para el viaje y la otra vida.
Tampoco debería asustarnos tanto la muerte, a lo largo de nuestra vida morimos muchas veces. ¿Dónde está aquel niño que reía y jugaba sin cesar? ¿ y el joven lleno de proyectos y futuro?¿dónde nuestras ilusiones frustradas sin poder lograrse y aquel vigor y fuerza que parecía no agotarse nunca? Hay muchas formas de morir que quizás nos hayan enseñado y preparado sin que lo notemos para la definitiva.
Hemos vivido dos vidas ya, la vivida en el seno materno y la externa. Vivimos la primera y salió a una luz exterior y morimos a esta para ir en busca de otra luz, más eterna y plena.
Tenemos pues, la evidencia de dos vidas a pesar de que no guardemos recuerdos de la primera.
Alguien dijo: “que la vida se oscurece o ilumina desde el sentido que concedemos a la muerte, El último suspiro de esta aventura que somos, es decisivo, y según sepamos anticiparlo adquiere nuestra vida su propia radiación”
La muerte es un gran viaje que inexorablemente debemos hacer. Y, cuando viajamos debemos prepararnos para ir más seguros y confiados, más tranquilos.
Toda muerte llega a destiempo, a traición. Muchas veces aunque presentida y esperada llega como un ladrón en la noche o en el descuido. No permite preguntas ni respuestas. Irrumpe sin ser invitada y cumple su destino.
No perdemos a nadie, el que se muere solamente se adelanta a nosotros. Lo mejor nuestro y suyo, el amor, sigue en su alma y en nuestro corazón. En su alma que es espíritu y en nuestro corazón que es materia. Se va la persona que nos quiere y a quién queremos pero su amor y el nuestro nunca mueren, Siguen y seguirán fundidos en un abrazo sin fin, que solo terminará cuando en otra dimensión y otro cielo nos volvamos a ver.
Será verdad, que solo vivimos en el amor de todos los que queremos y nos quieren.
La muerte nos hace pequeños, muy pequeños. Nos deja indefensos, hundidos, porque nos devuelve a la cruda realidad de sentirnos que toda esa grandeza que parecemos tener y sabiduría, todo ese poder no es nada ni tenemos respuestas. Solo Dios conoce su misterio y guarda el secreto de nuestra partida.
Alguien dijo que morimos cuando nuestra misión en la tierra está cumplida. Unos la cumplen en días, otros en meses. Otros a lo largo de una vida. Todas las muertes nos enseñan algo. Algunas hasta obran milagros, como el de no perder la fe y recobrar la esperanza.
Ante la muerte nos solemos preguntar: ¿cómo pasó? ¿cómo ha sido?
En vez de preguntarnos ¿cómo vivió, con qué soñó, cómo se fue? No el hecho material sino e espiritual.
Cuántos muertos nos anuncian su propia muerte y nos animan a nosotros a ser fuertes. Y, cuántas muertes nos parecen inútiles y estériles haciéndonos preguntar a los creyentes, sobre todo ¿dónde está Dios? No somos capaces, en esos momentos de ver que Dios está aquí, con nosotros, en medio de nuestro sufrimiento, acompañando en silencio nuestro dolor. Tarde o temprano, si tenemos esperanza y fe, llegará la respuesta a nuestra pregunta.
Decía el gran músico Franz Liszt “ No es acaso nuestra vida sino una serie de preludios de una canción desconocida, cuya primera y solemne nota es la muerte”
Puntos:
Simulador Plusvalia Municipal - Impuesto de Circulacion (IVTM) - Calculo Valor Venal
Foro-Ciudad.com - Ultima actualizacion:07/10/2017
Clausulas de responsabilidad y condiciones de uso de Foro-Ciudad.com
PC - TABLET - MOVIL