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PIZARRA - Malaga

 
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08-06-12 08:52
#10155552
Juan Caro Aguilar
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Satuagam
Hace treinta años vivía en el Valle del Guadalhorce y con un grupo de agricultores intentamos resolver el problema más grave de la agricultura española. Si le interesa a alguien puedo relatar la experiencia.
Pongo el principio:
Proyecto Satuagam
Hacia 1980 empezó a construirse el nuevo mercado de mayoristas, Mercamálaga. La ubicación era en Campanillas, fondo sur de la comarca donde más fuerte erala Unión.
El mayor problema de la agricultura española era la comercialización, la gran diferencia entre el precio recibido por el productor y el pagado por el consumidor final. Era frecuente tres escalones, el almacenista, el mayorista y el minorista, y en algunos casos había un cuarto. El corazón del sistema era el escalón mayorista, pero todos los intentos de los agricultores habían acabado en fracaso. Intenté recabar información pero apenas había.
¿Porqué no intentarlo? El riesgo de fracaso era alto, pero si acertábamos podíamos introducir un cambio significativo en el sector primario. ¿Porqué fracasaban? La mejor manera de saberlo era intentarlo.
En la nave dedicado teóricamente a los agricultores (digo teóricamente porque ninguno lo era) solicité cuatro cuarteladas conectadas situadas en el centro, y con la ventaja de no pagar nada por la concesión (que era bastante alta) y pagar el alquiler sólo de dos y dejar dos en reserva para cuando las necesitara. “¿Pero quien se cree que es usted?”, me dijo el funcionario. “El representante de un sindicato de agricultores de Málaga (UAGA) y tenga en cuenta que no he pedido toda la nave”, respondí poniendo encima de la mesa el reglamento de los Mercas. Después de tratar con la Consejería de Agricultura y el alcalde de Málaga, fueron atendidas mis peticiones.
(Seguirá si al menos un par de personas lo desea). Juan Caro
08-06-12 12:40
#10156311
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09-06-12 11:07
#10159645
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09-06-12 11:38
#10159754
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
La forma jurídica que me pareció más apropiada era la Sociedad Agraria de Transformación, por su simplicidad y adaptabilidad, así que el nombre era las siglas de Sat unidas al sindicato.
Consideré que para aprender las características de este tipo de negocio, lo mejor era consultar con asentadores veteranos. Descarté los de Málaga porque dudaba que tuvieran deseos de otro competidor, y me dieran una información sesgada. Sevilla y Granada las descarté una por abastecer un mercado demasiado grande y la otra por demasiado pequeño, así que me decidí por Zaragoza y en verano, porque en temporada de vacaciones pensé que tendrían menos trabajo. Lo más duro era que tenía que estar preparado para perder dinero una temporada, mínimo dos años, ya que la competencia era muy dura y las puñaladas era plato frecuente, y que me acudirían al principio los peores clientes, y que arrebatarle los buenos a la competencia no sería tarea fácil, que la quiebra, por una u otra razón, era habitual en este tipo de negocio.
Aún así, seguí adelante
Primera sorpresa, sólo 29 afiliados se apuntaron a la Sat, aunque era fácil, bastaba aportar 1.000 pts, con lo que se formó con un capital de 29.000 pts. Una voz me avisó de dentro, no se puede formar una empresa con un capital tan bajo, Se me ocurrió que las uniones locales pagaran una cuota proporcional a los afiliados, y así se pudo reunir un capital mínimo para poder empezar.
Segunda sorpresa: Hice un sondeo a ver cómo veían la idea, para comprobar que no se trataba solo de una ocurrencia mía. Todos respondieron afirmativamente. Recuerdo uno de Zalea que me dijo “Eso sería fabuloso”, pero en los tres años que estuve jamás llevó una caja de mercancías. Empecé a sospechar que muchos me decían simplemente lo que pensaban que a mí me gustaría escuchar.

Tercera sorpresa, En la cuartelada había tres personas, el vendedor, de pie y tratando con los clientes, el escribiente, anotando las facturas en un pequeño habitáculo y el acarreador de bultos. Como vendedor fue elegido un campesino de Alhaurín, como acarreador de bultos un joven de veintitrés años que el hambre lo había empujado desde Arcos y como escribiente un maestro sin trabajo. Hablé con él, le dije que se trataba de hacer la empresa (apenas tenía capital para comprar la báscula), así que el salario inicial sería pequeño pero que subiría cuando lo posibilitaran las ventas. Aceptó, pero poco después de entrar me pidió aumento salarial, le dije que no, pero todos los que entraban hacían igual, renegociar cuando estaban dentro. Busqué gente que además tuvieran motivos ideológicos; así entró Rosa, exconcejala por el Partido Comunista en Alhaurín. Demasiado tarde comprendería porqué el salario tenía una importancia secundaria para ella. Juan Caro
10-06-12 07:48
#10162101
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
Dificultad primera: La aportación de los campesinos de la zona era fuertemente estacional, con lo que había períodos que apenas teníamos mercancías. “Ya verás cuando llegue el verano, Juan” me dijo uno, “el caballo muere mientras crece la hierba”,le respondí citando a Hamlet. Recuerdo un sábado con el Presidente que habíamos vendido cuarenta mil pts, y el beneficio bruto del 8% no cubría los costes. “Hay un remedio”, me dijo. “Eso no lo aplicaremos, perderíamos nuestra razón de ser”, respondí. Se refería a que “maquilláramos” las liquidaciones, como era práctica habitual.

Dificultad segunda: Los precios de los productos de la zona eran muy bajos, y muy difícil de defender. La causa fundamental era que la oferta era enormemente atomizada, a lo que se añadía la costumbre de los regalos (los productos agrarios son los únicos que se regalan de forma generalizada, en reuniones les decía a los campesinos que fuesen a los estancos y pidieran cerillas y cigarros gratis o a las ferreterías a pedir algunos tornillos), la incidencia creciente de los robos y, y muy importante, las corridas. Las corridas imposibilitaban hacer ofertas de precios a medio plazo.

Entonces comprendí la principal razón de los fracasos de organizaciones campesinas: se vende bien lo que se vende lejos.
Así que me puse una primera tarea, que veía imprescindible, hacer un planning de ciclo anual y ver en cada quincena qué productos eran demandados y cómo conseguirlos, era como rellenar un puzzle, del que tenía que buscar las piezas por todo el país. Juan Caro
11-06-12 07:35
#10173179
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
Pero me encontré con otra dificultad, muy importante, que nuestro vendedor tenía un salario fijo, mientras que la competencias eran normalmente empresas individuales, con lo que su estímulo para el trabajo forzosamente tendería a bajar, ya que la energía debida al entusiasmo no es duradera. Fue un gran error no establecer un importante suplemento por beneficio obtenido. No le dí importancia porque la empresa estaba en pérdidas. Pero, ¿Hasta cuando podía mantenerse así? Los intereses de los créditos eran muy altos, así que tomé como préstamo el dinero circulante y con un techo, el valor del traspaso de las cuatro cuarteladas. Claro que era arriesgado, pero lo mucho en juego me pareció que valía la pena.
El principio de “ir con pies de plomo” aplicable a la formación de cooperativas formulado por Pascual Carrión (Ministro de Agricultura en la República) no era aplicable en este caso.
Así que, al ser un proyecto diferente, los principios de la empresa tendrían que ser diferentes, y para competir necesitábamos una ventaja competitiva, y la encontré.
Estudié un proyecto novedoso, así que inventé la teoría de Pilares y Complementos.
Los pilares que fijé conseguir eran tres, y debía coordinarlos entre sí, y el resto de las mercancías se irían adhiriendo a esos pilares.
Uno de los pilares que me pareció obvio fueron los hoteles de la Costa del Sol, y pude comprobar la acusada diferencia de precios entre lo que pagaban por productos de la zona y lo que recibían los agricultores; examinado la cuestión más a fondo, muchos suministradores utilizaban una estrategia sutil: por ejemplo, los melones a principio de temporada tenían un precio alto, pero a medida que pasaban los días el precio bajaba, pero el suministrador retrasaba la repercusión al hotel de aquella bajada.
Claro, el problema era cómo desalojar a aquellos suministradores y colocarme yo.
Para ello necesitaba una mercancía que me sirviera de ariete para forzar aquella fortaleza; no me servía cualquiera, sino tenía que ser una de alto consumo y, además que pudiera ofrecer a un precio mejor que cualquier consumidor. La patata de León podía reunir esas condiciones. Un sindicato hermano, la Unión de Campesinos Leoneses, había organizado una sociedad para concentrar la oferta, pues a viajar a León en las próximas vacaciones. Al menos en aquel entonces, las patatas tenían un ciclo bianual, de tal manera que un año tenía un buen precio, y como consecuencia se sembraban más patatas, lo que hacía superar la demanda y el precio se ponía por los suelos. Fui en uno de estos años, hablé con el gerente para que me las suministrara a comisión, y como garantía de que no le iba a engañar en las comisiones y le iba a pagar, sólo le ofrecía mi humilde persona. Me miró extrañado diciendo “Bueno, después de todo de vez en cuando se nos despeña un camión por esas sierras y adiós patatas”, y le dejé el teléfono.
Esto ocurrió en Semana Santa. Meses después recibí una llamada de León diciéndome que venía a Málaga un camión de patatas, cuando las descargaban fue uno de los momentos más felices de mi vida. La idea del proyecto era acertada, así que me puse a preparar la siguiente fase.
Juan Caro.
Nota a mis dos lectores.- Esto es un resumen, posiblemente vuelva atrás por algo que haya omitido y al escribir me parezca interesante.
12-06-12 08:51
#10177402
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
Selección de la mejor cartera de clientes de la costa. Me interesaba una relación de hoteles que fuesen buenos pagadores; podía dirigirme a grandes empresas, pero sabía que algunos pagaban religiosamente a grandes proveedores, que tienen un buen equipo jurídico, y se mostraban negligentes con las pequeñas empresas. Tampoco podía utilizar a otros asentadores porque me podían dar una información inversa, así que elaboré la imagen del mejor informador, y la respuesta que me dí fue un distribuidor de complementos de cocina, tenedores, servilletas, saleros y demás. Una vez localizado, le invité a almorzar en un buen sitio. “¿Y qué desea usted para mostrarse tan espléndido?” “Pues vamos directo al grano, soy responsable de una empresa en Mercamálaga, me interesa suministrar frutas y verduras a hoteles que sean buenos pagadores, y como sé que usted lleva mucho tiempo en este negocio, me puede facilitar esa información puesto que no le voy a hacer la competencia” “No hay inconveniente”. La información fue correcta, no hubo nunca problemas de cobro.
Pero ahora venía lo más difícil, arrebatarle a la competencia esos clientes. Era más fácil quitarle a un lobo hambriento un trozo de carne de la boca, pero ya tenía la herramienta adecuada.
Fui al hotel Príncipe Sol de Torremolinos, con 6.000 camas, más que muchos pueblos en plena temporada. “El Jefe de Cocina está ocupado” “No importa, esperaré, pero dígale que sólo lo molestaré veinte segundos y que seguro le interesa”. Al rato apareció un señor con cara poco amistosa y me dijo “¡Diga!” “Si me muestra la última factura de patatas yo se las ofrezco a dos pesetas menos el kilo” “¿Y son buenas?” “Me las puede rechazar si no le gustan”. A los cuatro días tenía que pedir un nuevo camión a León. Las patatas fueron la llave, porque la pregunta que esperaba vino poco después “¿Y tiene usted más mercancías?”. Para eso había preparado el tercer pilar, una modalidad de mercancía de la que pudiera disponer todo el año, que fuese variada.
La fruta de Lérida iba a ser el tercer pilar. Después de dos viajes fallidos encontré al proveedor adecuado en Madrid, en una reunión de la COAG.
Un inciso, no presentaba las cuentas de esos viajes o del almuerzo aquel con el viajante por el temor a que alguien me dijera que porqué no lo había invitado a una cerveza, ¿Cómo explicar a algunos el valor que podía tener una información?. Con el Presidente hice un viaje a tierras aragonesas para entrar en contacto directo con campesinos, con los que llegamos a acuerdos, pero que luego se arrepintieron y no nos mandan las peras. ¿Cómo explicar que aquel gasto era necesario para construir la empresa? En la estructura mental de muchos la construcción de algo era concebido sólo como algo material, como hacer un almacén, mientras que la construcción de esta empresa era a base de conocimientos, relaciones e investigación.
13-06-12 08:18
#10189303
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
Complementos.- Los pilares pueden ser rellenos y ampliados con otros componentes.
Colegios.- Dado que la demanda de hoteles era fuertemente estacional, muy alta en verano y más débil en invierno, busqué como complementos unos colegios que impartieran comidas. Estos no podían estar ubicados en cualquier parte, sino que elaboré una ruta de Mercamálaga al Palo y debían estar situados en las proximidades de una línea ideal. Con el mapa de málaga y una visita a Educación elaboré una lista, y me fui a visitar directamente a los directores.
En el caso de que fuesen mujeres, era muy bien recibido, porque intuían que eran sistemáticamente engañadas por el proveedor, pero que cambiar no servía de nada ya que volvía a repetirse la misma pauta de conducta.
Los pedidos, como los de los hoteles, se recibían por un contestador automático. Una vez establecido el primer colegio como cliente, el boca a boca funcionó y empezaron a alistarse nuevos clientes. Un caso resume la dificultad que tuvimos que superar, en un colegio de infantil una directora se quejó de la mala calidad de las lechugas y verduras en general, que estaban ajadas pues tenían varios días. Le pedí a la directora que quedáramos al día siguiente algo apartados del colegio para que viera directamente la mercancía, y que luego comprobara la que servían en la cocina. La cocinera servía las verduras con varios días de retraso, ya que estaba conchabada con el suministrador anterior y quería que volviera. ¿Es necesario decir las miradas de odio que algunos me dirigían?.
Melocotones de Periana.- Entre los objetivos generales que tenía era procurar que aquellos cultivos que tuvieran aceptación de la provincia, y que podían tener problemas de comercialización, no se perdieran, entre ellos estaban los melocotones de Periana, de mejor sabor que los de Lérida, así que procuraba venderlos, y lo conseguía, a mejor precio.
Uvas de Manilva.- Es de reseñar una anécdota que es ilustrativa. Hice un viaje a Manilva a primeros de Agosto poco antes de comenzar su temprana campaña, les hice la oferta a la cooperativa de que nos suministraran uva a comisión, y me respondieron que ya tenían asentadores y que les iba bien. “Prueben ustedes conmigo, por si les va mejor”. Probaron, trajeron pocas cajas, recuerdo su hermoso aspecto, parecían sacadas de un cuadro renacentista, tan cuidadas. En efecto, les fue mejor, ya que no hacíamos trampilla de alterar los precios recibidos sobre los anotados. Nos mandaron más la siguiente semana, pero más tarde me dijeron que suspendían el suministro porque los otros pagaban acusadamente más caras. Mandé a comprar dos cajas a la competencia y fui a Manilva, les pagaban a un precio mayor al que me lo habían vendido, es decir, con pérdida, les pedí que no me mandaran uvas y les informaría de lo que pasaba; dos semanas después me presenté con mis papeletas de compra y comparé con sus estadillos. Esta vez era al revés, el precio que decían habían vendido era inferior al que figuraba en mi papeleta. A partir de aquel día nunca faltó uva de Manilva.
Y así fui construyendo una formidable estructura empresarial. Juan Caro
14-06-12 07:02
#10193117
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
En un proyecto empresarial hay que conjugar una serie de factores, la
idea y su desarrollo, las personas encargadas de llevarla a cabo y la
dirección y toma de decisiones.
Si la idea y estructura del plan es inadecuado, el que los otros
factores sean funcionalmente correctos no es relevante, el fracaso
está asegurado.
Pero en el caso presente, en el que la idea y el planteamiento era la
solución correcta a un grave problema económico, en el que lo
arriesgado del proyecto estaba justificado por la enorme importancia
para un amplio colectivo, si no se encuentra al personal capacitado
para llevarlo a cabo, también puede conducir al fracaso. No digamos si
el colectivo dirigente actúa de tal manera que es fuente de sorpresas
para cualquiera que no sea campesino.
Problemas de personal.- Ya hablé antes de mi sorpresa ante los que
aceptaban unas condiciones y, una vez que estaban dentro, querer
renegociarlas. En Nepal ocurre lo mismo con muchos guías, que una vez
que están en medio del Himalaya se retractan de lo dicho y piden
sustanciales aumentos. Esta situación me llevó a hablar con un miembro
del sindicato, al que apreciaba personalmente, que trabajaba de
oficinista en un almacén de frutas en Alhaurín el Grande. Aceptó.
Conocía bien el oficio, pero un día me encontré un pago que me resultó
extraño, era a su antigua empresa, me dijo que era un adelanto para
asegurarnos un gran proveedor; la hiel me surgía hasta llegar a la
mirada. Poco después se fue.
Como escribientes entraron Isabel y Rosa, dividí la semana en dos, de
lunes a miércoles una y de jueves a sábado otra; la idea era que, como
el abandono era tan frecuente, aprendiera las dos y tuviese rápido
repuesto. José, el vendedor, me dijo que Isabel era preferible a Rosa.
No caí que su manera de hablar prudente me estaba advirtiendo de un
peligro, y cometí uno de mis grandes errores, no advertir que la
susodicha, siendo generoso, adolecía de graves desequilibrios
mentales.
Para evitar casos como el citado del escribiente de Alhaurín, tuve la
mala ocurrencia de poner a mi mujer de contable. Otro error.
Y tampoco definí mi papel porque era una empresa de investigación e
ignoraba cómo iba a resultar la estructura.
15-06-12 06:54
#10205062
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
Problemas de la cúpula dirigente.- Un estudioso de la problemática
campesina había escrito que si había solución aceptable para esta
problemática pasaba por la asociación, pero dadas las características
del campesinado no era posible armonizar una estructura directiva
coherente con independencia del número porque, literalmente, “era como
sumar ceros”.

Mi problema consistía en que se organizaba una junta directiva y se
proponía a alguien de tesorero, otro de secretario y un tercero de
presidente, aceptaban, y luego no hacían absolutamente nada para el
desempeño de los cargos. Se llegó al caso de que el Presidente no
convocaba una reunión (no quise caer en la cuenta de que no lo hacía
para no firmar ni hacer nada no fuese a ser que le imputaran la menor
responsabilidad), así que la convocaba yo y me encontraba con que
asistían menos de la mitad de la Junta Rectora. Esto se convirtió en
un problema insoluble, porque si una persona propuesta para un cargo
no pensaba desempeñarlo, en otros colectivos el individuo no lo
aceptaba, pero los campesinos del Guadalhorce lo aceptaban para luego
no hacer nada. Pero la realidad era mucho peor de lo que no quería
ver.

Definición del proyecto.-
Al no profesionalizarme, tuve que elegir función y elegí la más
difícil, el diseño de la resolútica a través de la búsqueda de los
mejores proveedores y los mejores clientes, así como el diseño de la
estructura definitiva.
A) Investigué nuevos tipos de clientes, si aparte de los hoteles y
colegios. En la ruta de los hoteles reencontraba el Hospital de Huesos
de Torremolinos. Solicité una entrevista con el Jefe de cocina; sabía
que existía la posibilidad de que estuviera compinchado con algún
proveedor, y pensé hablar directamente con el director, pero pensé que
no hay porqué pensar mal a priori. “Mándeme esas patatas y venga a
verme dentro de una semana”; otra vez había empleado el truco de las
patatas leonesas. Cuando fui a la semana siguiente ya había dicho al
transportista que le mandara más productos para probar. Me dijo “Usted
va a ser nuestro único proveedor de frutas y verduras; hace tiempo que
estaba esperando una empresa como la suya”.
16-06-12 06:57
#10208695
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
B) El Campamento Benítez está en la carretera Málaga- Torremolinos.
Había observado que los militares no pasaban por la nave de los
agricultores. Daba la casualidad que era amigo del hijo del antiguo
jefe, un coronel ya jubilado, que además tenía una finca en Vélez.
Tuvimos un encuentro los tres, mi amigo me había avisado que el
coronel estuvo en la División Azul y de algo me iba a servir mi
afición a la historia militar, “¿Los pantanos del Pripiat eran
realmente tan infranqueables?”, Me miró sorprendido, a sus hijos no le
habían interesado sus batallitas, así que empezamos a hablar del
frente ruso, las divisiones SS y demás. “Así que quieres hacer la
guerra a los intermediarios del campo, pues ya tienes un aliado”, y
acordamos una entrevista con el nuevo coronel jefe del campamento. La
entrevista tuvo lugar, pero la catástrofe impidió que se
materializara. Era Septiembre de 1983.
C) En cuanto a proveedores, aprovechando un encierro de agricultores
de la Unión en Badajoz, fui a visitarlos; la ventaja de un encierro es
que si algo les sobra a los encerrados es tiempo, con lo que podíamos
estar hablando durante horas de la problemática agraria; dos meses
después, cuando me llamaron para mandar mercancías me dijeron, “Juan
parece que nos hubiéramos criado juntos”. Si alguno cree que un
economista vocacional puede explicar lo que se siente ante estas
palabras, se equivoca.
D) Era importante saber si la existencia del sindicato COAG era una
válida fuente de información y una ventaja competitiva
importante. En el verano del 83 contacté con gente del sindicato en
Ciudad Real para que me encontraran un conocedor del terreno, cuando
me llamó la persona señalada le informé que primara la calidad sobre
el precio; la compra no era a comisión sino a precio fijo pagadero a
los quince días. Cuando a las cinco de la mañana abría el puesto y
empezaban a llegar compradores se quedaban mirando los melones,
“¿Cuánto?” “Tanto” respondía, a la hora, a la hora y media volvían
“¿Me lo deja por tanto?”
“No”, y a continuación los compraba.
Nadie vendía melones mientras yo tuviera. El asentador de enfrente,
que notaba que los suyos perdían color con el paso de los días, me
miraba con expresión poco amistosa, un sábado me avisaron que
representante de los asentadores me llamaba, cuando llegué, a voces me
dijo que me ponía un día de sanción por haber contravenido el acuerdo
de que después de las diez no se podía descargar mercancías. Se
refería a que un agricultor ya mayor se llegó con su Land Rover y
había dejado un manojo de cebolletas y mi vecino, el que no vendía un
solo melón, había estado atento y puesto la correspondiente denuncia.
Nota.- A mis dos lectores, ¿Seguís ahí? ¿Os parece interesante? ¿Quereis preguntar algo? Juan Caro
16-06-12 10:37
#10208960
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RE: Satuagam
Si lo he leido todo. Al final lo comentaremos. Gracias.
18-06-12 08:34
#10213913
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
E ) La cara de sorpresa que puso ante mi respuesta parecía de cómic, “¿Y
libros puedo vender?” “¿Libros…?” Si le hubiese hablado en arameo no
estaría tan sorprendido. Lo de los libros era una avanzadilla de la
definitiva estructura.
Elaboración Estructura definitiva.-
El proyecto había superado con éxito la primera fase. En aquel
momento, otoño del 83, las cuarteladas me habían quedado pequeñas para
la cantidad de mercancías que solicitaban entrar, pero además, las
cadenas hoteleras me preguntaban si podía abastecer los hoteles de
Fuengirola y Marbella. Por otra parte, quedaba el encontrar un buen
mercado para los cítricos del valle. Eso obligaba a un
redimensionamiento de la empresa, nuevos empleados, nuevos vehículos
de transporte
La nueva estructura diseñada era:
A) Estudiar la ubicación en un pueblo de colonización cercano a
Mercamálaga, Santa Rosalía, de un almacén de apoyo; después de
examinar sobre el terreno, elegí el local adecuado y quedaba pendiente
su petición a Agricultura.
B) En cuanto a incrementar el suministro a más hoteles, como estos
pagaban a los cuarenta y cinco días, quedaba pendiente de estudiar un
crédito, y además se requería nuevos medios de transporte. Pensé que
lo mejor era ir a Madrid al Ministerio, pero con el apoyo de un
documento que estuviese firmado por las distintas uniones, y también
solicitar el apoyo de otros sindicatos, puesto que se trataba de un
problema, la comercialización agraria, que afectaba a todo el sector
independientemente de banderías sindicales.
C) La creación de otra cuartelada donde vender los productos
malagueños. Siguiendo el precepto de que se vende bien lo que se vende
lejos, examiné las alternativas del Norte. Aunque el mercado más
importante era Bilbao, con el royo del independentismo los vascos no
estaban muy bien coordinados con la Coag, además que la agricultura en
Euskadi era un sector marginal, así como la fortaleza de la
competencia. Lo rechacé como opción. Los gallegos son reacios al
asociacionismo, y el sindicalismo agrario no era una excepción, así
que me quedé con Asturias.
19-06-12 06:01
#10217227
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
Años atrás, en una conversación en Madrid con el representante de Asturias, me habló de lo caro que estaban los garbanzos allí; como prueba, una agrupación de campesinos que se habían organizado para comprar en común entablaron contacto conmigo y, aprovechando el retorno de un camionero asturiano, le envíe garbanzos de uno de la Unión de Alhaurín el Grande. En las siguientes vacaciones fui a visitarlos, “Los garbanzos buenísimos, nuestro agradecimiento”. Ya estaba formalizada nuestra colaboración.
Me entrevisté con gente de la Unión y estudié sobre el terreno la comercialización agraria al por mayor, y llegué a la conclusión que se trataba de un oligopolio de tres empresas individuales, y esbocé un esquema de montar una estructura alternativa. Por cuestiones que referiré más adelante también fue trabajo perdido.
20-06-12 08:05
#10221213
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
El fin.-
Una mañana dos agricultores del sindicato fueron a hablarme con cara de circunstancias, “Juan venimos del bar y uno le estaba hablando a otros tres y les dijo “Yo sé cómo acabar con el tonto”” “¿Y bueno?”; “Que el tonto eres tú” “Si yo tuviera que tener cuidado también de esas cosas”.
Pero el problema que tenían algunos, cada vez más, era cómo acabar con la empresa. Desde fuera era imposible, porque cada cliente que les arrebataba, cliente que perdían para siempre, y cada suministrador al que le vendía, suministrador perdido. “Eres una gangrena que ha entrado en el Merca…” me espetó uno un día al cruzarse conmigo.
Ignoro si conocían la historia escrita hace tres mil años, pero la estratagema seguida fue la misma. Si no podemos con las murallas de Troya, destruyamos la ciudad desde dentro, el dinero es mas poderoso que un caballo.
Rosa le hizo la vida imposible al vendedor, José, que optó por irse a la competencia.
Claro que intervienen varios factores, si me hubiese dicho “O Rosa o yo”, él era el Presidente, no necesitaba ni consultarme; en cualquier caso hubiera convocado una Junta y presentado su disyuntiva. Pero no, se fue a la competencia que le ofrecía mucho más dinero.
En la reunión que convoqué un pánico en la profundidad de mi alma se iba formando; la gente asistía sin reflejar la menor emoción, el Presidente y vendedor se iba a la competencia con todos los conocimientos de la misma y a todos les daba igual. Iba a explicar que, según la ley, tendría que estar dos años sin poder tomar esa opción pero, para qué. Esto ocurría en Agosto del 82, y aquella noche, que dormía al raso por el calor, me despertó un sueño atroz donde un extraño y no desvelado monstruo, sin alma ni compasión, se acercaba a destruirme; me desperté dando gritos y sudando a chorros, La imagen de mi saber inconsciente era fácil de interpretar, aquello me podía destruir, tenía que terminar con ello como fuera e inmediatamente.
Pero no lo hice.
Convoque, en calidad de Coordinador del Sindicato UAGA, una reunión en el salón de Mercamálaga, se eligió nueva Junta Rectora, siendo elegido Presidente Juan Ruiz Tamarit, de Cerralba, y entraron de todos los pueblos de la zona; Benito Castro, de Álora, me pidió que fuese incluido en la Junta Mateo Lucena, de Coín, “porque era muy bueno”; “Si lo era, porqué no estaba allí, si yo lo había convocado”, pensé decir, pero no lo hice. Inocente. Me desplacé a Coín a entregarle el nombramiento; no estaba en casa, estaba en su finca, pregunté donde estaba y, por carriles logré dar con él, entre naranjos. “Te han elegido miembro de la Junta de Satuagam, toma el nombramiento y firma el recibí”. Serio, se sentó y con expresión meditabunda me respondió “Dámela”. Juan Caro
21-06-12 06:56
#10225136
Juan Caro Aguilar
Registrado: 22-01-2010
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RE: Satuagam
Me prometí dejar la empresa mínimamente montada y largarme. Eligieron un vendedor de Villafranco del Guadalhorce llamado Paco. Hablaba con él, pero no se enteraba de nada; a las tres semanas me dijo o le dije o nos dijimos adiós
Era la ocasión que Rosa esperaba. “¿Porqué no me pongo yo de vendedora?”. Acepté, cansado. La trampa se cerraba, el caballo de madera se situó en el lugar conveniente. Y, lo peor, la imagen de liberación que proporciona la praxis me hacía posponer mi autopromesa de abandono y ocultarme mi sueño profético.

Su labor fue magnífica, de una depurada estrategia que mejoraba a medida que su malicia se desarrollaba con nuevas herramientas.
Por una parte, procuraba tirar o vender mal las mercancías de los mejores defensores de la idea; por ejemplo, me enteré tarde que un cargamento completo de verduras del Presidente lo había tirado.
Pero lo esencial de su táctica era tirar grandes cantidades de fruta de Lérida que, al estar en la cámara, no se veían. Las dejaba pudrir hasta que fuesen inservibles; claro que se reflejaría en la contabilidad, para eso, como llegaba antes que la contable, ocultaba información. En cuanto a Isabel, la escribiente, le dijo que no se preocupara de las liquidaciones, que las haría ella al menos las importantes.
Pero, ¿Porqué mamar de una teta pudiéndolo hacer de dos?, pensaría más tarde, Y así se le ocurrió seleccionar a una serie de clientes a los que le ofrecía la mercancía por debajo del precio de coste. Claro que el sueldo le importaba poco.
A principios de Septiembre de 1983 como todavía no habían empezado las clases estaba en la oficina con más asiduidad, al llegar las diez y aparecer por la oficina me dijo Rosa “Nos vamos de vacaciones” “¿Cómo “nos vamos”?” “Nos vamos las dos” “Pero, ¿Y la venta, quien se encarga?” “Ya se encargará el acarreador de bultos”, me contesto con sorna, mientras se alejaba.
No salía de mi estupor cuando recibí una llamada de nuestro proveedor en Cataluña. “Te llamo para reclamar alguno de los camiones retrasados” “¿Cómo retrasados, pagamos al reponer prácticamente, te debemos uno y el que está corriendo, como quedamos”. “¿Qué dices?, Me debes un total de tanto (no recuerdo la cifra, pero sí lo que sentía, si era verdad, estábamos arruinados)”. Después de respirar como pude, le dije que me mandara copia de las facturas.
Cuando llegaron, había ya avisado a otros proveedores; mientras esperaba una deuda de unos dos millones, lo que había calculado como coste aproximado de creación de la empresa, las deudas superaban el doble. La trampa se había cerrado.
Convoqué a la Junta, les hablé que la situación era grave, que me había equivocado con el personal, pero que si el diseño de la empresa también era acertado, teníamos arreglo. Les dije que las dos empleadas quedaban despedidas y que pediría una excedencia en mi trabajo para dedicarme plenamente.

Juan Caro
22-06-12 07:46
#10228932
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
Hablé con los proveedores para pedirles paciencia, fundamentalmente al de Lérida, le expliqué el problema, que le iría pagando los camiones a medida que recibía uno nuevo, a los hoteles que si me podían adelantar algunos pagos
porque necesitaba liquidez, vendíamos entonces alrededor de un millón diario, mucho al contado, lo que refacilitaba una cantidad de circulante que los proveedores siempre cobraba algo. Día tras día la situación mejoraba, además, aquel año tocaba que las patatas tuvieran alto precio, lo que facilitaba las cosas.
Cuando volvieron de vacaciones se sorprendieron, “¿Cómo es que está abierto?”
dijo Rosa, “Estáis despedidas, adiós” le respondí. En la tensa conversación que siguió se le escapó a Isabel “Pero nos han prestado dinero para este viaje” “¿Quién os ha prestado dinero para estas vacaciones?” Rosa la mandó callar.
Al día siguiente, sobre las ocho, apareció en la cuartelada uno inusualmente vestido, con correcto traje azul y corbata del mismo color aunque más oscura. No venía a comprar, se quedó mirando, serio, “Por lo visto tu eres de esos que sólo sale de un sitio con los pies por delante” ¿Dónde había visto yo esa cara?, con el trajín tenía otras cosas que atender y lo aparté de mi mente.

Pasado su estupor, Rosa pasó a la acción. Era mucho lo que se jugaba. Visitó uno a uno los miembros de la directiva. Ante la negativa de Benito Castro de participar en sus planes, le dijo Rosa “Pues todavía podemos hacer mucho daño a la empresa” “¿Todavía más?” respondió Benito; lástima que su condición de mentalidad campesina le impidiera decir que eso lo iba a repetir en el cuartel de la Guardia Civil. Los que frecuentaban la empresa las recibieron de mala manera. Pero con otros tuvieron mejor suerte.
Una mañana me aparecieron diciendo que querían una reunión con la directiva, “que si no sería peor”. Pensé que iban a pedir disculpas de alguna manera. Como de todas maneras pensaba hacer una convocatoria para explicar la buena marcha actual, accedí a que asistieran.
Antes de empezar saludé a Mateo Lucena, al que no veía hacía tiempo.
Apenas empezada la reunión Lucena, que se había sentado frente a mí me empezó a gritar, me preguntaba y apenas esbozaba la respuesta me interrumpía con gritos. Miré al Presidente, Juan Ruiz Tamarit, de Cerralba, que esbozaba una ligera sonrisa; por supuesto había dejado exento a Lucena de tener que pedir el uso de la palabra. Cuarenta y dos minutos, no sé si cobraba por tiempo o por decibelios. En un momento determinado Benito Castro pidió una moción de confianza hacia mi persona, todos votaron a mi favor menos Lucena y el representante de Villafranco, Antonio. El Presidente Juan Ruiz se reservó el voto, y ante mi sorpresa dejó a Lucena que siguiera gritando, como si la votación no hubiera tenido lugar.
23-06-12 13:02
#10232660
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
Teniendo en cuenta que ponía el despertador a las cuatro de la mañana y habían pasado las diez y media, ya mi cabeza mostraba signos de agotamiento, en un descuido y hablando muy rápido propuso a un individuo que se había traído a la reunión (indebidamente, pero con el consentimiento de Ruiz Tamarit) como contable, y el Presidente dijo que sí y dio por acabada la reunión. Sin dejarme advertir de una importante circunstancia.
Entre los gritos, Lucena pidió que se me procesara “por daños y perjuicios”, exculpando a Rosa, lo que entonces me sorprendió y me acusó de “haber convertido aquello en una empresa privada”, en lo que desde luego tenía toda la razón y a lo que de ninguna manera podía replicar.
Al acabar la reunión Mateo Lucena y las interfectas empezaron a besarse lo que, sin ser familia ni ser readmitidas ni, que yo supiera, amantes, no comprendía la razón. Excepto que se tratara de la introducción de Moncayo como escribiente.

Dos noches después Juan Ruiz y Benito Castro me visitaron en casa. Castro me dijo que Moncayo estuviese al menos quince días; le iba a replicar que ese tiempo no le iba a ser suficiente para destruir una estructura tan sólida, pero no lo hice. ¿Para qué? Que entre los que querían destruir el proyecto estuviesen los asentadores, era comprensible, que los ingenieros agrónomos me vieran como un intruso en un terreno que consideraban como propio, lo podía entender, que muchos políticos me vieran como un pérfido enemigo (en algunos pueblos, donde las rencillas son más cainitas, los socialistas me acusaban de comunista camuflado, los representantes de Granada, comunistas, le dijeron a los de Málaga que yo era un fascista, etc), para algunos terratenientes de Asaja yo era un intelectual, y por tanto alguien que quería cambiar las cosas, y por tanto, un elemento peligroso; pero hombres como Ruiz y Castro con los que había formado la UAGA diez años atrás, que se unieran al empeño de destruir el proyecto que atacaba la raíz del principal problema de la agricultura, ocasionó que el desánimo por primera vez empezara a inundarme. Empecé a entender que carecía de lugar en aquel mundo, porque no podía generar anticuerpos mentales para defenderme de los que yo defendía.
Benito Castro dio por terminada la visita con las siguientes palabras: “nosotros sabemos que tú no sirves para esto, así que pondremos a otro y que tu no salgas como un guarro”. Obviamente hay muchas maneras de despedir a alguien, pero Castro no actuaba como una persona normal de cualquier otro colectivo, “yo puedo hacerlo mejor que tu, así que te quiero sustituir” o “nosotros creemos que Fulano es mejor que tu, así que preferimos que te sustituya”. No, decía “otro” pero sin especificar. O sea, “No te queremos, pero no te decimos quien te sustituye ni cuando te echamos” La moral de trabajo se me vino a los suelos; “¡Qué hacía yo allí!” me había gritado Lucena pocos días antes. Ninguna razón, era el momento de utilizar los mecanismos previstos para la ocasión.
Juan Caro
01-07-12 13:01
#10257274
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02-07-12 07:15
#10259239
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
No, pero a partir de aquí la cosa cambia. La empresa y yo estábamos condenados, Si quieres comentar algo creo que es el momento, pero si quieres sigo. Juan
02-07-12 13:44
#10260063
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RE: Satuagam
Me gustaría que le echaras un vistazo a este articulo del Diario Sur, sobre las empresas y los empleados. (Aunque una SAT es algo distinto, en mi opinión también le seria aplicable) Termina la historia.

http://www.diariosur.es/v/20120328/malaga/juan-jose-valderrama-consultor-20120328.html
04-07-12 19:16
#10270819
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
En una reunión posterior convocada por Lucena para quejarse de que yo había pedido un curriculum a Moncayo, expliqué como pude (dada las interrupciones de Lucena) los fundamentos de la empresa y la posibilidad de traspasarla. Había veintitrés solicitudes de cuarteladas en Mercamálaga, pero yo pensaba sondear directamente a los principales proveedores, como la Unión de Campesinos Leoneses, la cooperativa de Manilva y los proveedores de La Mancha, Badajoz y Cataluña y, si aceptaban, bastaba un simple cambio de titulares.
Desde luego, los leoneses estaban fuertemente interesados, ya que sus patatas según me indicaron la estaban vendiendo al mejor precio de toda España, tres pesetas/kilo por encima del segundo. A mi alternativa de gestión o traspaso me dijeron que “lo pensarían”, la respuesta típica del campesinado para no comprometerse pero que obviamente no resuelve nada, sino que empeora la situación. Días después, otra reunión, donde con sorpresa de mi parte, me dijeron que optaban por la gestión.

Moncayo, supongo que siguiendo instrucciones recibidas, me contestaba a voces y con términos que no tenían nada que ver. Desde luego sabían de uno de mis puntos flacos. Al tercer día me llamaron con la queja de un hotel de que no recibían los pedidos; cuando comprobé que hacía caso omiso a las comunicaciones del contestador, le exigí una explicación. Mirándome fijamente, se puso a despotricar contra los alhaurinos. Al observar su mirada y no pudiendo discernir qué clase de persona tenía delante, notaba cómo mi mente se rompía. Contribuyó una llamada del director de Mercamálaga que me dijo “Juan esos que tu crees que son amigos tuyos han contratado a un abogado para ver de qué te pueden acusar, y procesarte por todo lo imaginable. Acaba de llamarme para recabar información sobre ti”. Al rato, aparecieron por la oficina Tamarit y Rojas, para quejarse de que había tratado a Moncayo de “Usted”, sin aclararme qué tratamiento le debía aplicar, si Excelencia, Vuecencia o Magnífico. Al mirarlos recordé que a los dos le había prestado dinero en casos de apuro (el que disponía). Al comprobar qué clase de gente tenía enfrente un sabor a repugnancia nacía en mi garganta.

A la próxima reunión, presa de un fuerte ataque de nervios, no estaba en condiciones de asistir. Aunque las causas eran variadas, fundamentalmente en el agotamiento influía que yo podía entender que alguien con un cerebro tan retorcido y taimado como Mateo Lucena se involucrara tan activamente en un plan tan lesivo para la agricultura, pero que personas que consideraba decentes y trabajadoras como Juan Ruiz Tamarit, José María Rojas, ambos de Cerralba, o Benito Castro quisieran acabar de esa manera con el proyecto, no lo podía entender, y así entré en una profunda depresión (por llamarlo de una manera inteligible).
01-10-12 09:26
#10614144
Juan Caro Aguilar
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RE: Satuagam
Juan Ruiz me convocó a una reunión con asistencia del citado abogado, cuando entré en la oficina estaban miembros de la Junta Rectora (no todos, como siempre), otros que no lo eran y otros que ni siquiera eran campesinos, entre ellos un empresario; la razón de tan variada presencia era la escenificación de muerte civil, porque sabían que hay maneras de matar un hombre sin que por ello te acuse la justicia.
Un mes después de la entrada del caballo troyano de Lucena, cuando ya pensó que tenía bastante, ordenó al Presidente una reunión. Ante las quejas sobre Moncayo, poniéndose de pie y amenazando con el pulgar , eso sí, con una cara de cemento, que aunque su protegido era un gran contable, apenas sabía escribir, y por eso no entregaba las liquidaciones. Entonces añadió el Sr. Ruiz
Tamarit, “Y tampoco sabe hallar el tanto por ciento, a ver, Moncayo, hállale el ocho por ciento a esta cantidad”, dijo entregándole un papel. El campesino honrado que asistió a aquella comedia de truhanes me contaba que el interfecto no podía contener la risa mientras “demostraba” que no sabía resolver tan sencillo problema.

¿Dijo entonces el representante de Coín algo de que se hacía cargo de los daños y prejuicios ocasionados? ¡Que va!. ¿Se disculpó al menos? No, le hizo pagar al Presidente un salario más alto que el pagado hasta entonces.

Semanas más tarde un socio le dijo a Tamarit que a tan importante contable no se le iba a exigir que moviera una caja, pero sí que se acercara al banco a ingresar el dinero, porque los ingresos eran acusadamente menores comparados con el mes anterior y el posterior de su estancia. “Eso es una casualidad”, respondió Ruiz. Pero más que una casualidad aquello parecía un milagro, ya que los ingresos mientras estuvo el aventajado alumno de Lucena (que era maestro de escuela), apenas alcanzaba el veinte por ciento de los meses anterior y posterior.

Epílogo.- Tiempo después Castro me refirió extrañado que Lucena recibió con una gran carcajada la noticia de mi dimisión, acompañado de unos pasos de baile “como si le hubiese tocado la lotería”, dijo. Pues claro.

Poco días después de mi dimisión me acerque a Ruiz a preguntarle porqué habían dejado de suministrar a los colegios y hoteles, clientela tan duramente conseguida. “Por los intereses”, fue su extraña respuesta. ¿Los intereses de quien? Me pregunté. En una visita a las cuarteladas vi unas extrañas cajas de fruta, pregunté su procedencia, “Son de un almacenista de Coin, amigo de Mateo Lucena”. Ya sabía la respuesta.

Cuando le pregunté porque ese afán de destruir el proyecto, me dijo, “Por orgullo”. Recordé que un cuñado se dedicaba al tráfico de melones. Era el caso de familismo amoral más acusado que había conocido.
En el verano siguiente, estando en la cuartelada me volví a encontrar con el trajeado personaje de Octubre; esta vez no estaba serio, sino que con sonrisa burlona me dijo “Yo creía que no te ibas a atrever a pasar por aquí”, y mirándome fijamente, con la sonrisa típica del miserable añadió pretendiendo ahondar en una supuesta herida, “pues Mateo Lucena está en Bélgica…”
La miseria moral de estos individuos se refleja en el siguiente hecho: Cuando anuncié mi dimisión, incapaz de responder a tanta agresión, Lucena me propuso públicamente que aceptaría que entrase como socio. Cuando no pudieron más mantener a Moncayo presenté mi solicitud a D. Juan Ruiz Tamarit. Extrañado de no recibir contestación me dirigí a él y me respondió que cuando presentó mi solicitud a la Junta Mateo Lucena ordenó “Aquí no se habla más de Juan Caro”. Y claro, a Tamarit ante una orden tan categórica sólo le tocaba obedecer.

La empresa siguió durante un tiempo, pero en qué la habían convertido se reflejan en esta anécdota: estando un verano en Periana y me acerqué a unos campesinos que estaban preparando un cargamento de tomates, les pregunté el precio del anterior envío, que como esperaba era de ruina. Sabiendo lo que pagaban los hoteles a finales de Julio les propuse que lo llevaran a las cuarteladas de Satuagam. Como no tenían mucho que perder aceptaron. Días después me llegué y, fuera de la cuartelada me encontré las cajas de tomates pudriéndose; desalentado pregunté al vendedor (el hijo mayor de José María Rojas de Cerralba) porqué no los había vendido, máxime cuando yo no había puesto un precio límite. Me contestó que el intermediario que llevaba los tomates había prohibido su venta. “¿Es de Coín?”, pregunté,” pues claro”, me respondió”. Así, los “daños y perjuicios” ocasionados a los asentadores de los que hablaba Lucena se fueron recuperando.


NOTA.- La primera vez que te amenazan de muerte, lo que me ocurrió como coletazo de esta historia, la boca se te seca de golpe, y el corazón no es que dé un vuelco, como aparece en las novelas antiguas, es que no sabe qué hacer, y se te para un instante, en el que los segundos parecen estar cebados.
La segunda ya no es para tanto, y a la tercera te acostumbras.
AHORA SÍ HE ACABADO. JUan Caro


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