Últimamente los güitres de cuello pelao se están durmiendo; supongo que los años pasan factura; en fin, empiezan a quedar lejos aquellos tiempos en que, inmersos en nuestro propio mundo (felizmente aislados de la mundanal realidad) nos enzarzábamos en nuestros propios juegos, nuestro propio lenguaje y, lo que todavía es más importante, nuestra propia y única forma de vivir felizmente la vida, sin argucias más allá de las propias chanzas de amigos, las cuales posiblemente estén pasando, irremediablemente, a la eterna posteridad, bien por falta de juventud argamasonera, bien por falta de aquella espontaneidad que a la más autóctona chiquillería nos caracterizaba.
